HOY
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Lunes 6 de febrero de 1984
EL HOMBRE DE HOY EN SANTO DOMINGO:
José Antonio Bobadilla
por J. A. Biaggi
Al fondo, y sobre una silla laqueada de un intenso verde, descansa un vitral de colores. En él, círculos concéntricos casi se tocan y entrecruzan pujando hacia arriba una elíptica de otro color. Y esos círculos de colores nos muestran en forma gráfica quién es nuestro hombre de hoy, el producto de una serie de influencias combinadas que espera aún encontrar, el igual que el vitral, su ubicación final en la vida.
José Antonio Bobadilla es un hombre joven. Apenas cuenta con veintiocho años, pero con un bagaje de conocimientos y experiencias vividas o asimiladas que lo hacen ver, por momentos, como a una persona muy vieja. Quizás esto se note más al hablar, pues su voz es la de una persona fatigada por los años, y su lenguaje, un tanto coloquial, tiene ese no sé qué paternalista de los abuelos. De tez blanca y ojos claros muy profundos, este hombre de hoy es uno de los jóvenes exponentes de nuestra novel literatura.
Nacido en el seno de una familia de muchas tradiciones y abolengo en nuestro medio, José Antonio se educa recibiendo las influencias diversas y la carga emocional de dos corrientes yuxtapuestas, y aquí los círculos del vitral de colores empiezan a definirse.
DOS CÍRCULOS DE COLORES Y UN HOMBRE.
Tal y como confiesa, sus abuelos juegan en su vida un papel primordial. Por un lado su abuelo materno, a quien no conoce sino por referencias: Miguel Martínez-Bosch, un intelectual, científico español, “anarquista terrible” como el mismo Bobadilla define, y quien funda un Instituto Agrícola en San Francisco de Macorís cuando el gobierno de Horacio Vásquez; y José Bobadilla Espinal, uno de los más cercanos colaboradores del general Desiderio Arias, y quien participó en uno de los tantos complots para eliminar a Trujillo. Son quienes le imprimen la mayor carga de sensibilidad social y de inquietudes políticas. En el otro círculo de influencias motivacionales en la creación de este hombre de hoy gravita la figura de Su Señoría Ilustrísima Monseñor Carlos Tomás Bobadilla Urraca.
Como un hombre de muchas inquietudes que va en busca de conocer cual es su papel en la vida, José Antonio incursiona en los más diversos campos. Así, producto de su educación religiosa, y quizás como resultado de la influencia de su tío abuelo, siente la vocación sacerdotal, y quiere ser cura, pero se arrepintió de esto llegando a la conclusión de que no tenía tal disposición, quizás también porque la influencia de los otros abuelos pesó más que la del tío.
Quiso ser un gran científico y estudiar medicina, pero pudo más el artista que el científico y se dedicó a estudiar leyes para continuar con ciencias políticas terminando por hacerse licenciado en Letras Puras.
Su pasión por la música lo lleva a incursionar con el piano, pero: “Nunca he tenido el don de la constancia, y eso de pasarse años y años enderezando teclas no era para mí”.
En la búsqueda constante de su rol en la vida, e impulsado por sus convicciones socialistas, José Antonio decidió participar en la Cruzada Nacional de Alfabetización organizada por el gobierno nicaragüense. Así emigra a Managua cambiando este hecho radicalmente su vida.
“Una cosa es soñar con la revolución y otra es forjarla, hacerla. Los sueños siempre son bellos, y sobre todo te sostienen en la etapa de la juventud. Si todos los hombres encontraran en ese momento de la veintena una realidad así, como la de Nicaragua, que diferenciara en cuanto a lo que puedes dar de ti como hombre a tu sociedad, más directamente, más en lo inmediato, este mundo nuestro fuera muy distinto”.
En Nicaragua participa como
alfabetizador, pero en una alfabetización diferente, ya que: “Alfabetizar
no es alfabetizar. Alfabetizar es llevarle al hombre una noción clara de su
condición, de sus derechos, de lo que tiene que hacer para ser hombre. ¿Qué
haces tú con enseñarle simple y llanamente a leer y a escribir a un individuo
si a su vez no lo pones en guardia para que se libere de su atraso”.
Nicaragua fue, en resumen, donde “... nos graduamos de hombres completos”. Y es precisamente en Nicaragua adonde nace ABALORIOS, donde empieza su carrera pública de literato. Allí nacen también los embriones de otras novelas ya esbozadas como lo son TRECE HISTORIAS DE UN HOMBRE QUE MUERE.
ABALORIOS es el prólogo de cuatro novelas cuyos personajes son producto de una transformación de almas y cuerpos vivos y anónimos, de gentes del pueblo, donde se vive en un mundo de realismo mágico, que es como ve esta sociedad al escribir este autor.
EL HOMBRE DE HOY
Los círculos se han ido cerrando y de su aproximación y acercamiento ha surgido un ente, un ser que es nuestro hombre de hoy. Un ser a quien: “... me ha servido de mucho acariciar las frustraciones, porque es como tener una necesidad que hay que superar al costo de lo que sea”. ¿Para qué?: “No me importa creer o no en Dios. Lo que vale es que dentro de ti exista un profundo amor y una gran necesidad de darte a los demás. Entonces y en ese caso, lo que tendrás que buscar es una causa”.
Quien: “Quisiera llegar a saberlo todo. Quisiera llegar a la plenitud en el servicio constante a los demás, hacia mi causa, hacia las causas de muchos”, y para el cual: “Lo más importante es tener a alguien a quien amar”.
Es un hombre solitario, pues: “El trabajo de la creación implica, desgraciadamente, una gran soledad”. Y el que está “constantemente recibiendo satisfacciones, transformando frustraciones, en un constante caminar hacia una meta, la realización de un algo, de lo que deseo comunicar, de lo que deseo hacer universal; la necesidad imperiosa de darte en tu arte a todos los demás”.