ESPACIOS CULTURALES

Año 4, No. 7, Octubre de 2002

Págs. 37,38 y 39

 

LA ESPERA INCREÍBLE DE LOS NEGOCIOS DEL SUEÑO

Textos de José Bobadilla 1970/1983, Primera Parte

 

por Maribel Belén Marún

 

 

Muchas personas, a todo lo largo del territorio nacional, conocimos a José Antonio Bobadilla y Martínez-Bosch, alguna primera vez, ya fuera por sus asonadas en los encuentros del Ateneo Insular, el loable y permanente empeño del Dr. Bruno Rosario Candelier, o por sus reiteradas visitas a las más apartadas comunidades criollas en la creación del Sistema Nacional de Talleres Literarios, botón de oro de su gestión, cuando como Consejero Presidencial de Cultura quiso a brazo partido hacer funcionar esta excelente idea dando una respuesta a nuestra tan necesitada juventud.

 

La pregunta sobre su persona siempre fue insistente. ¿Quién demonios era José Bobadilla? Con tres libros publicados sin la menor difusión, el caballero que se nos presentó cayéndonos de sopetón sin otro amparo que el rimbombante título de su cargo oficial, no fue más que un ilustre desconocido. Lo de ilustre por los ecos ya lejanos de un apellido que nos remonta a los principios de nuestra historia isleña, tanto la colonial como la republicana, pues no debemos olvidar que un Bobadilla, comendador de Calatrava, le puso grilletes nada menos que al Muy Magnífico Señor Don Cristóbal Colón, embarcándolo para España; y otro lo fue don Tomás, nuestro redactor de la primera Constitución y primer jefe de gobierno.

 

Así, con el trallazo de tan altisonante prosapia, lo único que se nos antojó fue que una oportuna amistad con el presidente de turno lo había llevado a ocupar funciones de gobierno. Pero cuando habló, reuniéndonos a un grupo para explicarnos su proyecto, tuvimos que callar.

 

Confieso que asistí a esa invitación por lo que la propaganda nos prometía. Tal vez era lo que tantas veces habíamos esperado y nos resultaba imposible realizar. Y así fue. Bobadilla se explayó en consideraciones precisas sobre un plan que nos encantaba. ¿Hacernos escritores a nosotros, quienes apenas teníamos fuerza para soñar? De ahí surgieron infinidad de inquietudes que con infinita paciencia y sin ningún centavo el caballero nos aclaró. Pero sobre su persona nada, más que era muy feo y muy blanco, casi un gringo; de una cultura a veces apabullante, y sobre todo con unas ganas de realizar sus promesas que nos enterneció. Entonces nació el respeto y con él el amor. Debíamos responder y comenzamos a buscar sus trabajos hasta en los centros espiritistas, encontrándonos con una novelita endemoniada que tituló ABALORIOS; un incendiario salterio llamado SALMOS a secas, y EN EL JARDÍN DE ONÁN, novela poco menos que extraordinaria, uno de esos buenos libros, casi imposibles de hacer por un dominicano, aunque nos cueste un gran dolor admitirlo por los demás que trabajan en nuestro país.

 

¿Entonces? Bobadilla fue otra cosa. ¿Por qué tan poco y en un espacio tan largo de años? Pues que sepamos por su propia boca escribe desde 1970, cuando apenas era un adolescente y se beneficiaba, como se benefició, de la increíble ventaja de disfrutar de los consejos del más alto de nuestros escritores de todos los tiempos, como su hijo y como su discípulo, me refiero a Juan Bosch.

 

Nuestra insistencia obró sus efectos y para comienzos del año nos hizo la promesa de una página Web que desencadenó la necesidad de publicarlo todo, llegando a un primer volumen de catorce o quince que van a salir.

 

¿Qué son LOS NEGOCIOS DEL SUEÑO?

 

Al abrir las páginas de la primera parte, unas trescientas y pico para mejores señas, encontramos de todo, las huellas clarísimas de un sólido aprendizaje que no dejaría nada por abarcar. Poesía, teatro y narrativa, donde la narrativa es lo esencial, demostrando el libro una calidad muy difícil de creer para un principiante. Si bien es cierto que los dos poemas recuperados en esta entrega no pasan de ser simples exhumaciones, y que el entremés o algo así, ofrecido como muestra teatral no es más que un relato dramatizado, los textos narrativos, entre cuentos y novelas cortas, son sorprendentes, de una poderosa madurez expresiva, por momentos sublime, en donde ensaya varios tonos que de ninguna manera pueden considerarse como vacilaciones, con la seguridad de un escritor de metas definidas, que sabía desde un comienzo hacia donde iba o tenía que llegar.

 

Encontramos préstamos, si se quiere, del realismo mágico, mejor aún de la realidad, de su realidad, del entorno, muy visibles gracias a la fuerza del color con que describe y construye. Esto se comprende porque en primer lugar José Bobadilla es latinoamericano, lo que no le interesa negar. Pero hay tanta vocación de  universalidad en todas las direcciones de la estética que inventa, que gracias a la cultura que se filtra del perfectísimo andamiaje de su castellano, parece desde entonces un escritor muy por encima de lo local, de lo citadino, ubicándose desde las primeras frases en un nicho clásico por excelencia, del más depurado estilo continental.

 

Claro, el amor, que en sus páginas florece tierno y terrible, ardiente y profundo, constructivo o devastador, siempre es verdadero sin que importen las circunstancias que lo vistan de truculencia, y así nos encontramos con seres victoriosos o seres vencidos por el más elemental impulso de nuestra naturaleza, ese fértil abismo que siempre nos sacude en el querer.

 

¿Y la guerra? Los dominicanos de mi generación, gracias a Dios, no alcanzamos ese tema. Pero Bobadilla sí, quien por su propio pie asistió al evento del sandinismo en Nicaragua, habiendo sido brigadista alfabetizador, catedrático de la UNAN, e investigador de la vida y la gesta de Augusto César Sandino. De allí sus dos hijos, sus amistades entrañables con tantos nicaragüenses de valía como Ernesto Cardenal y Sergio Ramírez Mercado. Pero como esta no es una crónica social, diré que ese telón terrible del mundo entre golpes de pólvora y sangre tiene plena vigencia en sus textos, más en los que nos laceran con su equilibrada crudeza, pues ni siquiera cuando lo peor nos muestra la herida abierta de carnes palpitantes, deja Bobadilla de ser un esteta, de rendirse ante los deberes que impone el arte, esto es, el oficio de la belleza, un oficio permanente que exige la contundencia de su verdad.

 

Esperemos que cumpla lo prometido. Entiendo que el segundo tomo saldrá para diciembre o enero próximos. Mientras tanto, lo que nos aporta este libro es un desafío oportuno para los que deseamos hacer literatura, a la vez de colocar una piedra muy particular como hermosa, en el edificio de eso que entendemos como la palabra escrita de nuestra nación.

 

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