ESPACIOS CULTURALES
Año 4, No. 7, Octubre de 2002
Págs. 37,38 y 39
LA ESPERA INCREÍBLE DE LOS NEGOCIOS DEL SUEÑO
por Maribel Belén Marún
Muchas
personas, a todo lo largo del territorio nacional, conocimos a José Antonio
Bobadilla y Martínez-Bosch, alguna primera vez, ya fuera por sus asonadas en
los encuentros del Ateneo Insular, el loable y permanente empeño del Dr. Bruno
Rosario Candelier, o por sus reiteradas visitas a las más apartadas comunidades
criollas en la creación del Sistema Nacional de Talleres Literarios, botón de
oro de su gestión, cuando como Consejero Presidencial de Cultura quiso a brazo
partido hacer funcionar esta excelente idea dando una respuesta a nuestra tan
necesitada juventud.
La
pregunta sobre su persona siempre fue insistente. ¿Quién demonios era José
Bobadilla? Con tres libros publicados sin la menor difusión, el caballero que
se nos presentó cayéndonos de sopetón sin otro amparo que el rimbombante título
de su cargo oficial, no fue más que un ilustre desconocido. Lo de ilustre por
los ecos ya lejanos de un apellido que nos remonta a los principios de nuestra
historia isleña, tanto la colonial como la republicana, pues no debemos olvidar
que un Bobadilla, comendador de Calatrava, le puso grilletes nada menos que al
Muy Magnífico Señor Don Cristóbal Colón, embarcándolo para España; y otro
lo fue don Tomás, nuestro redactor de la primera Constitución y primer jefe de
gobierno.
Así,
con el trallazo de tan altisonante prosapia, lo único que se nos antojó fue
que una oportuna amistad con el presidente de turno lo había llevado a ocupar
funciones de gobierno. Pero cuando habló, reuniéndonos a un grupo para
explicarnos su proyecto, tuvimos que callar.
Confieso
que asistí a esa invitación por lo que la propaganda nos prometía. Tal vez
era lo que tantas veces habíamos esperado y nos resultaba imposible realizar. Y
así fue. Bobadilla se explayó en consideraciones precisas sobre un plan que
nos encantaba. ¿Hacernos escritores a nosotros, quienes apenas teníamos fuerza
para soñar? De ahí surgieron infinidad de inquietudes que con infinita
paciencia y sin ningún centavo el caballero nos aclaró. Pero sobre su persona
nada, más que era muy feo y muy blanco, casi un gringo; de una cultura a veces
apabullante, y sobre todo con unas ganas de realizar sus promesas que nos
enterneció. Entonces nació el respeto y con él el amor. Debíamos responder y
comenzamos a buscar sus trabajos hasta en los centros espiritistas, encontrándonos
con una novelita endemoniada que tituló ABALORIOS; un incendiario salterio
llamado SALMOS a secas, y EN EL JARDÍN DE ONÁN, novela poco menos que
extraordinaria, uno de esos buenos libros, casi imposibles de hacer por un
dominicano, aunque nos cueste un gran dolor admitirlo por los demás que
trabajan en nuestro país.
¿Entonces?
Bobadilla fue otra cosa. ¿Por qué tan poco y en un espacio tan largo de años?
Pues que sepamos por su propia boca escribe desde 1970, cuando apenas era un
adolescente y se beneficiaba, como se benefició, de la increíble ventaja de
disfrutar de los consejos del más alto de nuestros escritores de todos los
tiempos, como su hijo y como su discípulo, me refiero a Juan Bosch.
Nuestra
insistencia obró sus efectos y para comienzos del año nos hizo la promesa de
una página Web que desencadenó la necesidad de publicarlo todo, llegando a un
primer volumen de catorce o quince que van a salir.
¿Qué
son LOS NEGOCIOS DEL SUEÑO?
Al
abrir las páginas de la primera parte, unas trescientas y pico para mejores señas,
encontramos de todo, las huellas clarísimas de un sólido aprendizaje que no
dejaría nada por abarcar. Poesía, teatro y narrativa, donde la narrativa es lo
esencial, demostrando el libro una calidad muy difícil de creer para un
principiante. Si bien es cierto que los dos poemas recuperados en esta entrega
no pasan de ser simples exhumaciones, y que el entremés o algo así, ofrecido
como muestra teatral no es más que un relato dramatizado, los textos
narrativos, entre cuentos y novelas cortas, son sorprendentes, de una poderosa
madurez expresiva, por momentos sublime, en donde ensaya varios tonos que de
ninguna manera pueden considerarse como vacilaciones, con la seguridad de un
escritor de metas definidas, que sabía desde un comienzo hacia donde iba o tenía
que llegar.
Encontramos
préstamos, si se quiere, del realismo mágico, mejor aún de la realidad, de su
realidad, del entorno, muy visibles gracias a la fuerza del color con que
describe y construye. Esto se comprende porque en primer lugar José Bobadilla
es latinoamericano, lo que no le interesa negar. Pero hay tanta vocación de
universalidad en todas las direcciones de la estética que inventa, que
gracias a la cultura que se filtra del perfectísimo andamiaje de su castellano,
parece desde entonces un escritor muy por encima de lo local, de lo citadino,
ubicándose desde las primeras frases en un nicho clásico por excelencia, del más
depurado estilo continental.
Claro,
el amor, que en sus páginas florece tierno y terrible, ardiente y profundo,
constructivo o devastador, siempre es verdadero sin que importen las
circunstancias que lo vistan de truculencia, y así nos encontramos con seres
victoriosos o seres vencidos por el más elemental impulso de nuestra
naturaleza, ese fértil abismo que siempre nos sacude en el querer.
¿Y la guerra? Los
dominicanos de mi generación, gracias a Dios, no alcanzamos ese tema. Pero
Bobadilla sí, quien por su propio pie asistió al evento del sandinismo en
Nicaragua, habiendo sido brigadista alfabetizador, catedrático de la UNAN, e
investigador de la vida y la gesta de Augusto César Sandino. De allí sus dos
hijos, sus amistades entrañables con tantos nicaragüenses de valía como
Ernesto Cardenal y Sergio Ramírez Mercado. Pero como esta no es una crónica
social, diré que ese telón terrible del mundo entre golpes de pólvora y
sangre tiene plena vigencia en sus textos, más en los que nos laceran con su
equilibrada crudeza, pues ni siquiera cuando lo peor nos muestra la herida
abierta de carnes palpitantes, deja Bobadilla de ser un esteta, de rendirse ante
los deberes que impone el arte, esto es, el oficio de la belleza, un oficio
permanente que exige la contundencia de su verdad.
Esperemos
que cumpla lo prometido. Entiendo que el segundo tomo saldrá para diciembre o
enero próximos. Mientras tanto, lo que nos aporta este libro es un desafío
oportuno para los que deseamos hacer literatura, a la vez de colocar una piedra
muy particular como hermosa, en el edificio de eso que entendemos como la
palabra escrita de nuestra nación.