EL NACIONAL
Edición interactiva
Viernes 13 de septiembre de 2002
LOS NEGOCIOS DEL SUEÑO
entrevista por Maribel Belén Marún
A raíz de la próxima puesta en circulación del primer volumen de las obras de José Bobadilla (Santo Domingo, 1955), escritor que ha sido docente, brigadista internacional, vicepresidente del Consejo Presidencial de Cultura (hoy Secretaría de Estado de Cultura) aprovechamos la oportunidad y su estancia en Santo Domingo para hacerle la siguiente entrevista:
MB.- Creo
conveniente comenzar esta entrevista con la interrogante que primero salta a la
vista. Usted aún, como escritor, es joven. ¿Por qué una edición de sus
obras?
JB.- Es una
inquietud justa. Si todavía soy joven y me resta tal vez mucho por vivir,
digamos que con suerte, lo mismo o casi de lo ya vivido, es de suponer que en la
plenitud de mis capacidades para crear sea extemporáneo empeñarse en una edición
de lo escrito.
Si esto es
cierto, este propósito resulta absurdo. Ahora bien, yo he sido un contumaz
enemigo de publicar, lo que me ha colocado en una desventaja enorme con mucha
gente que me conoce y siempre me ha reclamado conjurar esta reticencia. Usando
mi memoria, estoy en el oficio desde 1970, esto es, con el propósito claro de
dominar la profesión de escritor. Pero a la fecha, con treinta y dos años de
labor, apenas en las manos de la gente existen ABALORIOS, un texto que tuve que
revisar; EN EL JARDÍN DE ONÁN; la primera versión de mis SALMOS; y el primero
de los veintiún libros de EL HABITANTE DE LA GUERRA, que hice circular entre
mis amigos más íntimos.
Una revisión de
lo salvable entre mis cosas me llevó a tomar la decisión de hacer público un
esfuerzo hasta ahora en la sombra. Desde luego, debo reconocer que resulta
pomposo eso de Obras. Ni soy consagrado ni me he muerto. Pero los trabajos
existen y una manera de ordenarlos, la mejor a mi entender, es presentarlos en
este formato ciertamente enfático pero verdadero. Los juicios le corresponderán
a quienes hundan su mirada en la ventana que abro para todos. Desde luego, el
calificativo general de Obras es sumario. Como proyecto lo único que me ha
costado es elegir, despreciando aquello que jamás sirvió y que por ende son
mis pecados que seguirán siendo secretos. Pero lo que puede sostenerse de
alguna manera, está aquí e irá saliendo poco a poco. Por ejemplo, la segunda
entrega de LOS NEGOCIOS DEL SUEÑO la tengo proyectada para diciembre o enero.
Debo aclarar que en el primer balance que realicé de mis textos de 1970 a 1983,
cuando aparece Abalorios, todo se armaría en dos volúmenes. Pero creo que habrá
un tercero. Veremos que sucede al fin.
MB.- Sigue
pareciéndome pretencioso el título general de Obras.
JB.- ¿Y qué
son? La costumbre quiere que le dejemos esto a los recopiladores, a los
exhumadores, a los exégetas. Yo digo que hice un trabajo. Yo digo que tengo un
trabajo. Yo estoy invitando a todos a que se asomen a mi trabajo. Estoy de
acuerdo en que hay algo de lápida, de monumento, de jubileo. Pero las obras son
Obras y me he trazado un plan inflexible de hacerlas ir apareciendo por
entregas, después de todo jamás ha sido barato ni simple publicar, eso creo
que debes saberlo tú también.
MB.- Este
primer volumen que ya definió como entrega ¿qué perfil tiene?
JB.- Como
recopilación de textos reúne varios géneros. Casi todo es narrativa, entre
cuentos y conatos de novelas brevísimas. Pero hay un entremés y un par de
poemas que le dan al libro un rostro múltiple. No pongo fechas y creo que para
nada este dato importa. Sobre el estilo supongo que desde siempre fui más o
menos el mismo, aunque claro, algo nos ha hecho ganar la práctica.
Debo decir que
hay préstamos de García Márquez, de Rulfo, de Bosch, de Carpentier y de
Faulkner. Por lo menos son los autores advertidos por mí y que tanto me dio su
lectura. Con relación a García Márquez, su aporte en este primer paso de mi
tarea fue el descubrimiento del entorno, de la vida que fluía conmigo y en mí.
Uno es de donde nace, uno es parte de una realidad. Ver sus claves, desentrañarlas
para llevarlas al terreno de la obra es el reto que todo artista tiene y que no
puede obviar. Claro, mi nacionalismo es amplio, tan amplio como decir América
Latina, aunque tampoco me importara más que en lo oportuno la ropa, el atuendo.
Creo que el corazón y los intereses del hombre como ente son más interesantes.
Me fascina el laberinto insondable de la intimidad humana, quizás por lo mismo,
casi sin proponérmelo, ninguno de mis trabajos de entonces y de ahora se
aferran a un cabal escenario. Mis personajes sufren, sueñan, gozan o padecen en
decorados ambiguos, situables en infinidad de mundos de un solo mundo, el mío,
en el que al fin y al cabo quiero y puedo estar siempre de cara a una contumaz
vocación de universalidad.
Me podrás decir
que hacer lo grande en base a lo propio es una característica saludable que ha
dado resultados maravillosos a muchos hombres de genio. Yo creo lo mismo. Pero
el asunto es que escojas lo que escojas como piso para tus fantasmas, el
resultado sea realmente bueno. Fuera del tiempo y del espacio, lo que dependerá
de tus gustos, de tu manera de ser, la historia debe creerse, lo que conseguirá
sin duda la calidad de tu inventiva y la manera en que logres que trascienda
gracias al factor poético, el que dará el tono de eternidad conveniente e
indispensable al texto.
MB.- Usted por
ejemplo siempre se refiere al amor y a la guerra. Pero a veces parece que es un
europeo el que escribe, jamás un hombre mulato, un hombre nuestro.
JB.- No sé por
qué, pues he salido poquísimo de mi país, y adonde he vivido han sido medios
totalmente afines al mío, Nicaragua, por ejemplo. Lo de Nueva York, que se
encierra en mi actualidad, es una excepción con sus bemoles, ya que hay zonas
enteras de esta ciudad que son dominicanas.
Pero lo que
dices es más un asunto estético que logístico. Aunque afirme lo que acabo de
declarar, y esto lo haga bajo la fe del juramento, la verdad es que uno jamás
deja de ser uno y yo soy dominicano, aun con las distancias que mis ojos
busquen. Esto hablará de afinidades, también de certezas.
Borges insistía
en que éramos europeos. Eso es verdad. Pero también somos algo más. Ese algo
más es la diferencia. Yo diría que una gran, una grandísima diferencia. Nada
de extraño tiene que mis gustos no concuerden con lo que se escucha comúnmente
en la radio, con lo que se ve y se dice en la televisión. Debes saber, como
sabes, que jamás he leído a Faulkner en inglés, ni a Dostoyesky en ruso, a
Kazanzakis en griego o a Ibsen en noruego. Todos estos autores son patrimonio de
un occidente del cual somos parte, de una humanidad que comenzó por ser global
con la caída de las fronteras vencidas en mucho por la comunicación.
MB.- ¿Quiere
esto decir que usted es un escritor global?
JB.- Creo que
no. Con vocación universal, tal vez, y esto sigue siendo en mi caso, una
aspiración. En la medida en que un arquetipo creado sea magnífico, su calidad
como obra de arte lo universaliza, sea o no sea folclórico su decorado de
fondo.
MB.- ¿Entonces
cómo define su primera entrega?
JB.- Puedo
tratar el asunto con las reservas lógicas del autor. Son un peldaño. Mis
obsesiones de siempre se desnudan en estas páginas en una primera vez que fue
sin duda una lucha titánica por lograr cuadros verosímiles en lo plástico y
en lo humano. Yo he vivido en la guerra, he buscado y encontrado el amor. He
padecido la soledad, la decepción, así como he disfrutado de la generosidad y
de la compañía. Pero lo que recibimos como destinatarios y lo que observamos
como testigos va llenando alforjas de las que sacaremos lo necesario para
concebir lo que habrá de vivir su propio destino en el arte, en el texto.
Podría ser que
alguien diga que mis relatos son terribles porque tal vez sea yo mismo terrible.
Y hay algo curioso. Uno aprende a hacer las cosas de una manera, encuentra en un
ángulo la clave, la perspectiva que nos facilita el decir, el obrar en la
consecuencia de lo que creamos. Aquí se desnudan las fijaciones sin que ello
signifique otro compromiso que el estético. No creo que Eurípides,
sinceramente, fuera ni un aberrado ni un asesino. Lo mismo que Faulkner, a quien
mencionáramos ya. Es asunto de los registros que aprendemos, que sabemos y en
los que podemos escribir. Nuestras búsquedas, en función de lo que producimos,
tiene el signo de fijaciones muchas veces ajenas a nuestra intimidad sicológica.
Sé que es un asunto polémico, pero es mi experiencia y mi opinión.
Este libro es
desgarrador, por ratos hermoso, a veces sublime, cuando al fin y al cabo una metáfora
consigue elevarnos en su vuelo al espacio insólito de su resplandor de su
luminosidad. Como es múltiple, resulta difícil caracterizarlo. Sólo conseguiría
añadir que como balbuceo tal vez no me haga quedar muy mal, y con suerte, quizás,
logre despertar interés por lo que sigue, por los derroteros que se fueron
abriendo a mi paso en el dificilísimo empeño de hacer literatura, de la
incierta batalla del escritor.