Domingo
17 de marzo de 2002
Págs.
21 y 22
CASA DE LA CULTURA AUSPICIA TALLERES DE CUENTO CON JOSÉ BOBADILLA
entrevista de Juan Freddy
Armando
José
Bobadilla, poeta, narrador, ensayista y académico dominicano regresó hace
apenas un mes de Nueva York adonde en breve regresará para cumplir con el
compromiso de dirigir un nuevo Taller de Cuento, el tercero que
impartirá en esa ciudad. Haciendo provecho de la ocasión, entrevistamos
a nuestro viejo amigo siendo el encuentro así:
JB.- Así es. La comunidad dominicana en Nueva York no sólo ha crecido en número. Hoy somos según estadísticas que leí en alguna parte la minoría más grande radicada allí. Ese millón, o un poco más, de habitantes que hace de esta ciudad una especie de segunda capital para nosotros, ha diversificado sustancialmente sus intereses. Como resultado, jóvenes y adultos de las más variadas índoles se imponen metas que apuntan a actividades trascendentes. Por ejemplo, los dominicanos también queremos escribir.
JF.- ¿Podrías señalar a los protagonistas de la iniciativa?
JB.-
Desde luego. En principio los talleres literarios que impartimos fueron la
piedra angular de nuestro trabajo desde el Consejo Presidencial de Cultura, hoy
una secretaría de estado. Una visita al país del anterior incumbente de la
Casa Dominicana de la Cultura en Nueva York, quedó prendado del proyecto y nos
invitó. Así, correspondiendo a la atención de Frank Cortorreal, nos
presentamos allí y durante tres días hicimos el trabajo con un grupo
excepcional. Su fruto fue el libro Los Pétalos del Martillo. Ahora, los
actuales responsables de la referida Casa, el señor Mendoza y Héctor Amarante,
entusiasmados por el anterior resultado nos invitaron a repetir el taller con la
variante de que si en una primera vez no dispusimos de un tiempo cómodo, ya que
finalizaba nuestra gestión de gobierno, ahora en cuarenta y cinco días, a razón
de dos sesiones semanales dentro de ese lapso, intentaremos un taller si no
exhaustivo, por lo menos completo, con la ventaja de que en el mismo sea posible
una ponderación adecuada de los resultados para poder ofrecer un texto final de
la mejor calidad que se pueda conseguir.
JF.- ¿Cómo son esos talleres?
JB.- Un aula donde formamos en la teoría y en la práctica a los escritores. El talento es lo que cada uno tiene, es lo que cada uno lleva, es el aporte personal de quien llegue allí. Pero hay técnicas. Existe una historia y también una práctica. Esto último, en su doble vertiente, es lo que damos nosotros.
Desde
unos años para acá, los talleres literarios se han hecho muy populares. Pero
vale señalar que el nuestro tiene una característica que lo diferencia de los
otros. Contribuir a la formación del creador literario es lo esencial. En tal
sentido nos vamos a lo que ha pasado con el subgénero del cuento y explicamos
la teoría con una práctica intensa. Por fuerza, el resultado es automático y
muchas veces asombroso, sobre todo cuando los talleristas descubren que siempre
pueden contar. Pero no basta con lo esencial. A nuestro entender un creador sin
un texto público se queda en el silencio, en un limbo que es la nada. Muy
concientes de las dificultades de publicar, intentamos convertir al escritor en
artesano, por la obra y la gracia de las actuales tecnologías, al mostrarle
como puede por sí mismo construir, fabricar un libro como objeto.
Para ello sólo bastan los rudimentos de la diagramación y su tiraje, lo que
hace el más simple ordenador, la gente dice computadora. Encuadernar es un poco
más complicado, pero perfectamente posible.
Sin
embargo tampoco nos quedamos aquí. La principal función del arte es la
comunicación. Hay un emisor; el artista, y un receptor; el lector. ¿Para qué
llevar lo escrito hasta un libro impreso si no sabemos cómo ni quién lo va a
promover; cómo ni quién lo va a distribuir; cómo ni quién lo va a vender?
Fuera
de la calidad del texto, la que dependerá de nuestro genio, hay maneras prácticas
y probadas de llevarlo hasta la gente, de publicitar su existencia, de colocarlo
convenientemente en las manos del lector.
Nuestro
taller, de manera breve pero exacta, plantea el uso de esos medios haciendo al
autor potencialmente independiente de los difíciles y excluyentes criterios
empresariales de esa larga cadena de actuantes que existen entre el autor y
quien lee. ¿Te imaginas? Hay un agente literario, un editor, un impresor, un
promotor, un distribuidor y un librero. ¡Por Cristo Padre!... Uno está casi
siempre inerme, depende de lo que le convenga a quienes manejan el mercado. Sería
desde luego tonto, una estupidez no tomar en cuenta esta realidad. Pero una cosa
es estar sin armas que contar con ellas aunque se trate sólo de saber que las
hay. Para eso el taller.
JF.- Como lo señalaras, ya lo hiciste antes.
JB.- Sí, claro. En Santo Domingo muy a pesar de haber ocupado un alto puesto en el Gobierno dentro del área cultural, la experiencia no contó con el apoyo suficiente. El libro, o mejor dicho, la lectura, tiene demasiados y poderosos enemigos; la televisión, por ejemplo, que crea un cerebro pasivo, un cerebro inútil para la imaginación. Por otro lado no basta con una Feria al año. Una Feria ciertamente no es nada. Una Feria es una feria, una fiesta que puede salir bonita o darse muy fea. Yo pienso y creo que hay que educar. La educación es una tarea que se comienza con la semilla, y esa es la diferencia, lo que edifica un acervo y una actitud en el hombre. A mi modo de ver, con todo el respeto, no creo que la política cultural de ningún gobierno deba ser una fiesta, un espectáculo, una parranda de fuegos artificiales. Educar es ir abriendo día a día la ventana de la conciencia a la realidad de los tesoros, de los bienes de la inteligencia. Desde luego, esto no invalida lo festivo como uno de los métodos para llamar la atención de la gente. Pero no es el único ni bastante menos el principal. Cuando los hombres descubren la maravilla de la belleza, se salva a un país. Eso nos enseñó día a día nuestro maestro, el tuyo y el mío, Juan Bosch. Toda su luminosa vida de alguna forma fue eso, enseñar.
JF.- Eso nos
lleva al más común de los actores, nos lleva directamente a la gente, al
ciudadano.
JB.- ¿Y a quién más podemos amar? ¿Quién más realmente importa?
JF.- Con lo
expresado valdría preguntar ¿por qué Nueva York?
JB.- La respuesta más justa sería otra pregunta: ¿por qué no? Pero siendo algo más claro debo decir que allí se replanteó de manera automática el trabajo. El artista profesional es un engranaje que trabaja siempre. Esa increíble ciudad me atrapó. Nueva York es, para quien lo sabe ver y sobre todo sentir, la humanidad entera, un crisol donde las esperanzas de todos los hombres se han reunido. Escribo un libro de cuentos y relatos cuya magia reside allí, en sus calles, en sus transeúntes, en sus historias. Pero a su vez quienes me conocen me han pedido encarar la tarea, y si se trata de trabajar en la dirección de los hombres, jamás he dicho que no. Por eso Frank Cortorreal cuenta con mi apoyo. Por eso ni a Amarante ni a Mendoza, las cabezas de la Casa Dominicana de la Cultura nunca les diré que no. Ignoro si mi ciencia será suficiente para dejar satisfechas sus expectativas. El entusiasmo hará el resto. Y cuando hablo de entusiasmo sólo puedo estar declarando mi amor. Hay una comunidad que apoyar, hay una comunidad que merece todo el apoyo, fuera de los compromisos para el caso absurdos y alienantes de los Partidos y por lo mismo de los votos y la perniciosa práctica que se infiere de tanta envilecedora propaganda. Cuando hablamos de cultura estoy convencido de que debemos actuar por encima de cualquier interés o parcialidad, las que sólo sirven para dividir.
JF.- Por
conocerte de tantos años, treinta tal vez, sé que tus búsquedas e intereses
son siempre diversos.
JB.- Claro, soy así. Ya señalé que escribo un libro de relatos que llevará el nombre de esa ciudad. Pero a su vez me aplico en estudiar la obra de cuatro eminentes dominicanos, uno bostoniano y tres niuyorquinos: José Acosta, Diógenes Abreu y Norberto James, escritores, y Julio Valdez, pintor; dignos ejemplos de incontrastable talento, grandeza y tenacidad. Por supuesto, hay más; hay hasta cantantes clásicos que han llevado nuestra calidad a los principales escenarios del mundo. Recuerda que no resido allí y para alcanzar los destinos de lo necesario es una prioridad el tiempo. Sin embargo está la motivación y encaro el reto. Ya veremos hasta donde quiere la fortuna que sea posible llegar.