LISTÍN DIARIO

Libros Dominicanos

Jueves 24 de febrero de 1994

pág. 7 (opinión)

 

 

SALMOS

 

por Francisco Comarazamy

 

 

La fundación Violeta Martínez ha remitido a esta columna un ejemplar de SALMOS de José Bobadilla. El pequeño volumen, más largo que ancho como rompiendo el clásico molde del libro, reúne quince poemas.

 

En nota de la Fundación se señala que el poemario ha sido elaborado “con sencillez y recóndito sabor indefinible a la luz de un tiempo preciso”, añadiendo que “a pesar de su brevedad la temática es diversa, prevaleciendo lo religioso desde un punto de vista universal y a la vez contestatario, y casi en iguales términos lo político, que encuentra en la ruda voz del poeta acentos de un lirismo directo, amargo y sublime”.

 

Este volumen es el primero de cinco que ha organizado la Fundación. El nombre de José Bobadilla no suena mucho en los círculos literarios del país. Es dominicano pero ha residido en Nicaragua donde ha sido catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de aquella nación centroamericana.

 

Rara vez se escriben salmos en estos tiempos desde el punto de vista eminentemente religioso. El salmo nace como apéndice de las Sagradas Escrituras, es decir, de la Biblia, y son en total ciento cincuenta cantos atribuidos en su mayoría al rey David, de quien Juan Bosch escribió una magnífica biografía.

 

Yo no sé mucho de poesía, por no decir nada, y mucho menos del género cultivado por el señor Bobadilla. Pero tengo la impresión que lo domina y tiene aptitud para ese tipo de poesía no sólo por los poemas sino también por el lenguaje dimensional de la vida, de la cual muestra una clara conciencia.

 

No he tenido que arribar al fin para darme cuenta, percibir y sentir la secreta emoción de hermosas imágenes y el estremecimiento de una rima feliz en cada uno de los cánticos. Copio el segundo canto del tomo:

 

La prudencia, diadema de la serpiente

que creemos sabia porque esconde el guante

que apaga el labio, que sumerge el ojo

en la falsa lágrima de su intención paciente.

 

Y peor aún o tan igual del crimen

quien vio el Yo y lo siguió amando

beso a beso frente al silencioso espejo

de regreso a sí mismo, al silencioso antro.

 

No habrá dolor ni aunque pena honrada

sea lo amargo, en lo que queda el llanto.

No hay más soledad para el que combate y llama

con su fuego sin sombra o la espada en el canto.

 

 

La publicación de SALMOS es huérfana, pues no tiene prólogo ni presentador. El lector tiene que bandeárselas por su propio entendimiento.

 

A veces así es mejor para el lector, porque, digo yo, emplea más a fondo su imaginación.

 

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