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Jueves 1 de diciembre de 1988

 

JOSÉ BOBADILLA PUBLICA HOY SU SEGUNDA NOVELA

 

Redacción

 

José Bobadilla, nacido y criado en la capital, es un enemigo de publicar sin que nadie sepa a ciencia cierta por qué. Tiene en sus haberes un libro conocido: ABALORIOS, el que sería, según sus palabras, el preámbulo de una ambiciosa novela en cuatro partes que jamás cumplió. Él lo admite. Pero hoy publicará su nueva obra: EN EL JARDÍN DE ONÁN, Navajas y Coronas de una Solitaria Historia de Amor. Sobre esta nueva obra que entra en circulación hoy en un acto que tendrá lugar en el Instituto Dominicano de Cultura Hispánica, a las ocho dela noche, habla su autor Bobadilla.

 

HOY.- ¿Qué demonios pasó con tus Cuatro Novelas Azules?

 

JB.- Las dejé para cuando sepa escribir.

 

HOY.- ¿Tantos años sobre una maquinilla de nada te han servido?

 

JB.- Eso es para mí muy difícil de contestar. He mejorado un poco, pero todavía soy malísimo. Sobre las novelas, ya las escribí una vez y francamente no me gustaron. Es más, TRECE HISTORIAS DE UN HOMBRE QUE MUERE tiene por lo menos tres versiones sin que haya podido decidirme por la menos peor. Pero hablar de algo que no está a la vista de nadie es como inventarle chismes a un hombre aún en su edad fetal. Si duro noventa años, serán mi cima. Los argumentos me siguen pareciendo insuperables. Quien todavía anda crudo soy yo. Como pretendo ser serio, no voy a cometer el crimen de desperdiciarlos.

 

HOY.- Supimos de tu viaje a Nicaragua. Tenías un proyecto biográfico para el general Sandino. ¿Y...?

 

JB.- Y con Carlos Fonseca. Sigo con la obsesión. Recopilé tantos datos en libros, documentos y a simple boca... Pero soy también un mal codificador. Así que para no morirme de frustración tomé de su gesta lo que literalmente me interesaba. Aquel prodigioso entorno, común al Caribe, mundo épico por antonomasia, me proporcionó un antihéroe, punto o ángulo favorable para desarrollar un largo trabajo y así daba uso inmediato a lo acopiado.

 

HOY.- ¿Entonces?

 

JB.- Entre 1986 y 1987 escribí un paquetón de páginas que nadie se ha atrevido a publicar. ¿Quién le va a leer a José Bobadilla setecientas páginas? Eso, antes que nada. Luego, el otro dolor de cabeza tan inclemente como el primero, es que un libro de tal volumen es absolutamente incosteable por un pelagatos como yo. Ni modo.

 

HOY.- Si el estilo es como el de ABALORIOS, nos lo explicamos. ¿Sigues escribiendo así, cómo en ABALORIOS?

 

JB.- Sigo pensando en que realicé un experimento interesante. Como ningún dominicano lee lo que otro dominicano escribe, salvo los textos con compromiso de vergüenza producidos por reputaciones tan sólidas, como por ejemplo la de Juan Bosch, incuestionablemente universal, esa intentona se quedó en el mismo sitio. No estoy de acuerdo con muchas cosas puestas allí, y es lógico, seguí viviendo. Pero ABALORIOS es un libro serio. Ahora mis búsquedas se orientan a la expansión del argumento, al ahorro sistemático de la metáfora, a sacudir con los hechos y no con los adornos. La pesquisa en la condición humana es tan difícil y tan larga que cada vez hay menos espacio para degustar un detalle, siempre y cuando el mismo no sea revelador.

 

HOY.- ¿y qué de tu nuevo libro?

 

JB.- Te vas a reír. ¿Recuerdas cuando estábamos en el Frente Cultural Dominicano, hace ¡Dios mío!... diez años, y Tony Capellán nos regaló varios dibujos que yo ordené implacable su arrumbamiento en la cocina? Bueno, aunque buen grabadista, excepcional diría yo, cosa que hasta en Argentina están reconociendo; como dibujante pensé entonces que era un asco. De buenas a primeras, el año pasado, en diciembre, me llamó para que viera algo que estaba haciendo. Eran dibujos y me quedé pasmado. Al otro día lo llamaba yo para leerle tres capítulos sobre su funambulesco personaje. Lo usual es que un pintor ilustre el texto de un literato. Ahora era yo quien ilustraba la obra de un pintor. Y antes de que terminara ese mes, tenía completos todos los capítulos que hicieron el borrador de EN EL JARDÍN DE ONÁN.

 

No pudimos ni quisimos ponernos de acuerdo en un sin fin de detalles, pues lógicamente cada uno pensó, cada uno sintió a su manera igualmente válida el agobio terrible de la mediocridad, de lo lacerantemente común. Ese es el tema.

 

Agapito Concepción, el héroe de OBSESIONES COTIDIANAS, como se llamó en la serie de dibujos de Capellán, es en mi EN EL JARDÍN DE ONÁN Carlos Apolo Valera Mercado. En Tony es decadentemente normal, en mí delira, hace grumos y burbujas oscuras o iridiscentes tras su fachada de señorón de bailes; un pobre diablo totalmente enfermo, ridículo, desquiciado. Esa, penosamente, es la generación de nuestros padres. Pienso en Trujillo y en su trágico poder de castración. Salvo muy honrosas excepciones, ¿ha servido nadie entre esa gente? El colmo de lo que digo y que demuestra mi posición, es que aún los abuelos continúan gobernando el país por la triste incapacidad de quienes se formaron en esa porquería en que se convirtió bajo la dictadura nuestro sufrido país.

 

Como descripción de la derrota, mi historia de amor tiene tantas truculencias como ternuras, tanto fango como humor. Todo lo que en lo efectivo el hombre concibe, tal vez no sea justo, pero es perfectamente normal. Una obra tan limitada como la mía no puede aspirar más que a levantar una emoción.

 

¿Lo logré?

 

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ÚLTIMA HORA

Biblioteca

Sábado 18 de marzo de 1989

pág. 10

 

EN EL JARDÍN DE ONÁN: Un discurso escabroso y maduramente informal

 

por José Rafael Lantigua

 

 

José Bobadilla se dio a conocer en 1983 con ABALORIOS, un texto que, según el propósito del autor, significaba un anuncio, una introducción a un proyecto novelístico ambicioso, segmentado en cuatro partes.

 

Era un libro muy singular, abierto a variadas interpretaciones, bifurcándose entre prosa y verso, o entre narración y poema.

 

Bobadilla creaba una expectativa escriptural que se prometía densa, experimental, retadora.

 

Ahora regresa, más de cinco años después de esa interesante experiencia, con una novela que no sabemos si es ya parte de la consumación de aquel proyecto, la parte que continúa aquel preludio que fue ABALORIOS.

 

Se trata de la novela EN EL JARDÍN DE ONÁN, subtitulada de forma muy sugerente: Navajas y coronas de una Solitaria Historia de Amor.

 

EL TEXTO

 

Onán, el hijo de Judá, que fue condenado a muerte por Yavé “por derramarse en tierra”, según nos lo refiere el Génesis (34,4-10), ha sido tema bíblico al que se ha recurrido literariamente con mucha frecuencia.

 

Empero, José Bobadilla no ataca la historia de Onán consabida, ni se interna por los andenes de un vicio tan popular y viejo como la historia misma de la humanidad.

 

Bobadilla sólo intenta integrar  el concepto onanista como expresión de una historia de amor solitaria, vivida, sentida y extrapolada en las entrañas, a veces calcinadas, de un alma atormentada por los sueños y la pasión del amor quebrado.

 

Bobadilla es un escritor que no teme a las posibilidades infinitas y traicioneras del texto. Por eso lo puebla de imágenes luminosas, lo nutre de metáforas a veces imposibles, en una búsqueda incesante por rastrear esas posibilidades de expansión y crecimiento de la creación.

 

Su discurso está uncido de poesía; no puede examinarse dentro de las reglas estrictas de un género que, como el de la novela, él atrapa en sus redes y las conmueve, las violenta, las consume en una abstracción que exige una lectura rigurosa y sostenida.

 

Una experiencia de escritura como ésta tiene, obligatoriamente, que exhibir altas y bajas, diríamos mejor, ascensos vigorosos, de hondas y bellas expresiones metafóricas, y descensos violentos, de difíciles traslaciones mentales y de incomprensibles coordenadas textuales.

 

El lenguaje de las imágenes se interna en las instancias de la guerra (el autor tiene experiencia como brigadista alfabetizador del sandinismo), irrumpe en los rejuegos de las pasiones amatorias, se inscribe a veces circunspecto, a veces preciso; mutilante y desarreglado otras veces.

 

LOS PERSONAJES

 

El excesivo enriquecimiento del lenguaje traiciona muchas veces la gravedad del texto, su solidez estructural y su propia y original dinámica argumental, aunque pensamos que éste puede ser un propósito prefijado por el autor a fin de caracterizar su estilo.

 

Marcelo “a pesar de sus treinta y nueve años cumplidos, desde muy joven se ubicó presuntuoso y afectado en las vísperas solemnes de la ancianidad” (pág. 6). Carlos Apolo Valera y Mercado, “doctor en leyes y versero a segundas tintas” (pág. 8), y Rosario Moncada, se cruzan y entrecruzan entre sueños, evocaciones, viajes y sumideros interiores, en los que el placer onírico capitaliza los escozores de almas titubeantes y sensibles.

 

Permeando una literatura de collages, entre argumentos novelados, prismas poéticos y sueltos sonéticos, Bobadilla forja una obra que debe examinarse con tino y sentido crítico, porque en su texto él asume la sorpresa y congestiona el ámbito de la escritura creadora asumiendo variadas responsabilidades, entre ellas las de colocar trampas en un discurso escabroso y maduramente informal.

 

“En el caer eterno el alma no podrá acostumbrarse a la velocidad, al reclamo que un eje nos hace para que el último destrozo nos anule obligándonos al negro absoluto, al terminante silencio, a las aristas deformes de la palabra paz” (pág. 47).

 

FICHA: EN EL JARDÍN DE ONÁN, Navajas y Coronas de una Solitaria Historia de Amor (novela). José Bobadilla; edición manuscrita y numerada de 100 ejemplares, 1988; 119 págs.

 

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